IDEAS PARA PONER EN PRÁCTICA
• Lea Doctrina y Convenios 68:25–28. A medida que
lea, fijese en los principios y las ordenanzas que el
Señor ha mandado que los padres enseñen a sus
hijos. Planifique unas cuantas cosas que pueda hacer
para enseñar estos principios y ordenanzas a sus hijos
o nietos, sobrinos u otros niños que conozca.
• A medida que lea el siguiente artículo, escoja una
o dos de las sugerencias que da el élder Robert D.
Hales y centre su atención en ellas. Según se le
presente la oportunidad, centre la atención en las
otras sugerencias del artículo.
EL FORTALECIMIENTO DE LAS FAMILIAS:
NUESTRO DEBER SAGRADO
Élder Robert D. Hales
del Quórum de los Doce Apóstoles
El Espíritu fortalece las familias
El fortalecimiento de las familias es nuestro deber
sagrado como padres, hijos, parientes, líderes, maestros
y miembros individuales de la Iglesia.
La importancia de fortalecer en forma espiritual a las
familias se enseña claramente en las Escrituras. Nuestro
padre Adán y nuestra madre Eva enseñaron el Evangelio
a sus hijos e hijas. El Señor aceptó los sacrificios de Abel,
quien lo amaba; Caín, por otra parte, “amó a Satanás
más que a Dios” y cometió serios pecados. Adán y Eva
“se lamentaban ante el Señor por causa de Caín y sus
hermanos”, pero nunca dejaron de enseñar el Evangelio
a sus hijos (véase Moisés 5:12, 18, 20, 27; 6:1, 58).
Debemos entender que cada uno de nuestros hijos
viene con variados dones y talentos; algunos, como
Abel, parecen haber recibido los dones de la fe al nacer.
Otros luchan con cada decisión que toman. Como
padres, nunca debemos permitir que las búsquedas o
las luchas de nuestros hijos nos hagan ceder o perder
la fe en el Señor.
Alma, hijo, mientras le “agobiaba este tormento…
[y le] atribulaba el recuerdo de [sus] muchos pecados”,
recordó haber escuchado a su padre enseñar sobre la
venida de “Jesucristo, un Hijo de Dios, para expiar los
pecados del mundo” (Alma 36:17). Las palabras de su
padre le guiaron hacia la conversión. De la misma
manera, nuestros hijos recordarán nuestras enseñanzas
y testimonio.
Los 2.000 soldados jóvenes del ejército de Helamán
testificaron que sus justas madres les habían enseñado
de manera poderosa principios del Evangelio (véase
Alma 56:47–48).
En una época de gran búsqueda espiritual, Enós dijo:
“…las palabras que frecuentemente había oído a mi
padre hablar, en cuanto a la vida eterna… penetraron
en mi corazón profundamente” (Enós 1:3).
En Doctrina y Convenios el Señor dice que los
padres deben enseñar a sus hijos “a comprender la
doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el
Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del
Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar
a la edad de ocho años…
“Y también enseñarán a sus hijos a orar y a andar
rectamente delante del Señor” (D. y C. 68:25, 28).
El enseñar el Evangelio fortalece las familias
A medida que enseñamos el Evangelio a nuestros
hijos mediante la palabra y el ejemplo, nuestras
familias se fortalecen y se fortifican espiritualmente.
Las palabras de los profetas actuales son claras con
respecto a nuestro sagrado deber de fortalecer espiritualmente
a nuestras familias. En 1995 la Primera
Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles emitieron
una proclamación para el mundo, declarando que “la
familia es la parte central del plan del Creador para el
destino eterno de Sus hijos… El esposo y la esposa
tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse
el uno al otro, y también a sus hijos… Los padres tienen
la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro
del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades
físicas y espirituales, de enseñarles a amar y a servirse el
uno al otro [y] de guardar los mandamientos de Dios”
(“La familia: Una proclamación para el mundo”,
Liahona, junio de 1996, páginas 10–11).
En febrero de este año, la Primera Presidencia emitió
un llamado a todos los padres “para que dediquen sus
mejores esfuerzos a la enseñanza y crianza de sus hijos
con respecto a los principios del Evangelio, lo que los
mantendrá cerca de la Iglesia. El hogar es el fundamento
de una vida recta y ningún otro medio puede ocupar su
lugar ni cumplir sus funciones esenciales en el cumplimiento
de las responsabilidades que Dios les ha dado”.
En la carta de febrero, la Primera Presidencia enseñó
que los padres pueden proteger a sus familias de los
elementos corrosivos al enseñar y criar a sus hijos en
los principios del Evangelio. Además, aconsejaron a
los padres y a los hijos a “dar una prioridad predominante
a la oración familiar, a la noche de hogar,
al estudio y a la instrucción del Evangelio y a las
actividades familiares sanas. Sin importar cuán
apropiadas puedan ser otras exigencias o actividades,
no se les debe permitir que desplacen los deberes
divinamente asignados que sólo los padres y las
familias pueden llevar a cabo en forma adecuada”
(Carta de la Primera Presidencia, 11 de febrero de 1999).
Con la ayuda del Señor y de Su doctrina, se pueden
entender y sobrellevar todos los efectos nocivos que
provengan de los desafíos que pueda encontrar una
familia. Cualesquiera sean las necesidades de los
miembros de la familia, podemos fortalecer nuestras
familias siguiendo los consejos que nos dan los profetas.
La clave para fortalecer nuestras familias es hacer
que el Espíritu del Señor more en nuestros hogares.
La meta de nuestras familias es estar en el camino
estrecho y angosto.
Ideas para fortalecer las familias
Se pueden hacer innumerables cosas dentro de los
muros de nuestros hogares para fortalecer a la familia.
Permítanme compartir algunas ideas y algunos principios
prácticos que pueden ayudar a determinar los
aspectos que necesitan mayor fortalecimiento en
nuestras propias familias. Las ofrezco a modo de dar
ánimo, sabiendo que cada familia, al igual que cada
uno de sus integrantes, son especiales.
El hogar debe ser un lugar seguro
• Hagamos de nuestros hogares un lugar seguro
donde todos los miembros de la familia sientan
amor y aceptación. Tengamos en cuenta que cada
hijo tiene diferentes dones y habilidades; cada uno es
una persona que necesita amor y cuidado especiales.
• Recordemos que “la blanda respuesta quita la ira”
(Proverbios 15:1). Cuando mi querida esposa y yo
nos sellamos en el Templo de Salt Lake, el élder
Harold B. Lee nos dio un sabio consejo: “Cuando
elevan la voz con enojo, el Espíritu se aleja de su
hogar”. Jamás debemos cerrar la puerta de nuestro
hogar o cerrar nuestro corazón a nuestros hijos
debido a la ira. Al igual que el hijo pródigo, ellos
necesitan saber que cuando recapaciten pueden
venir a nosotros para recibir amor y consejo.
• Pasemos tiempo con nuestros hijos individualmente,
permitiendo que elijan la actividad y el tema de la
conversación. Eliminemos las distracciones.
Enseñar a los hijos a orar, leer las Escrituras
y escuchar música digna
• Alentemos a nuestros hijos en su comportamiento
religioso privado, tales como la oración personal,
el estudio personal de las Escrituras y el ayunar por
necesidades específicas. Midamos su crecimiento
espiritual observando su proceder, su vocabulario
y su conducta hacia a los demás.
• Oremos diariamente con nuestros hijos.
• Leamos las Escrituras juntos. Recuerdo a mis
propios padres leyendo las Escrituras mientras
nosotros escuchábamos sentados en el suelo. A
veces solían preguntar: “¿Qué significa ese pasaje
para ustedes?” o “¿Cómo les hace sentir ese
pasaje?”. Luego escuchaban mientras nosotros
respondíamos con nuestras propias palabras.
• Leamos en la revista Liahona las palabras de los
profetas vivientes y otros artículos inspirados
dirigidos a los niños, los jóvenes y los adultos.
• Podemos llenar nuestro hogar con el sonido de
música digna al cantar juntos del himnario y de
Canciones para los niños.
Llevar a cabo la noche de hogar y los
consejos familiares
• Efectuemos la noche de hogar cada semana. A
veces, como padres, nos intimida el enseñar o el
testificar ante nuestros hijos. Yo soy culpable de
esto en mi propia vida. Nuestros hijos precisan
que les comuniquemos nuestros sentimientos
espirituales, que les enseñemos y les demos
nuestro testimonio.
• Llevemos a cabo consejos familiares para analizar
los planes y los intereses de la familia. (Algunos de
los consejos familiares más eficaces son los que se
hacen a nivel personal con cada uno de los
miembros de la familia). Ayudemos a nuestros
hijos a saber que sus ideas son importantes.
Escuchémosles y aprendamos de ellos.
Compartir el Evangelio, apoyar a los líderes
de la Iglesia y participar como familia
• Invitemos a los misioneros a nuestro hogar para
que enseñen a miembros menos activos o a
personas que no sean miembros.
• Demostremos que sostenemos y apoyamos a los
líderes de la Iglesia.
• Comamos juntos cuando sea posible, y tengamos
conversaciones sobre temas significativos a esa hora.
• Trabajemos juntos como familia, incluso cuando
pueda ser más rápido y fácil hacer el trabajo nosotros
mismos. Hablemos con nuestros hijos e hijas
mientras trabajemos juntos. Yo tuve la oportunidad
de hacer esto cada sábado con mi padre.
Enseñar a los hijos a ser buenos amigos y a
prepararse para el futuro
• Ayudemos a nuestros hijos a aprender la forma de
tener buenos amigos y de hacerlos sentirse
bienvenidos en nuestro hogar. Conozcamos a los
padres de sus amigos.
• Enseñemos a nuestros hijos, por medio del
ejemplo, a administrar su tiempo y sus recursos.
Ayudémosles a aprender la autosuficiencia y la
importancia de prepararse para el futuro.
Compartir el legado y las tradiciones familiares
• Enseñemos a nuestros hijos la historia de nuestros
antepasados y de nuestra propia familia.
• Establezcamos tradiciones familiares. Planifiquemos
y tomemos vacaciones significativas juntos,
considerando las necesidades, los talentos y las
habilidades de los hijos. Ayudémosles a crear
recuerdos felices, a mejorar sus talentos y a edificar
sus sentimientos de autoestima.
Enseñar la importancia de obedecer los
mandamientos y de recibir ordenanzas
• Mediante la palabra y el ejemplo, enseñémosles
valores morales y a tener la determinación de
obedecer los mandamientos.
• Después de que fui bautizado y confirmado, mi madre
me llevó a un lado y preguntó: “¿Qué sientes?”. Yo le
describí lo mejor que pude mis cálidos sentimientos
de paz, consuelo y felicidad. Mi madre me explicó
que lo que sentía era el don que acababa de recibir: el
don del Espíritu Santo. Me dijo que si vivía de tal
forma que fuese digno de él, tendría siempre ese don
conmigo. Ese momento de enseñanza ha
permanecido conmigo durante toda mi vida.
Enseñemos a nuestros hijos el significado del
bautismo y de la confirmación, de recibir el don del
Espíritu Santo, de recibir la Santa Cena, honrar el
sacerdocio y hacer y guardar los convenios del templo.
Deben saber la importancia de vivir de tal modo que sean
dignos de tener una recomendación para el templo y
prepararse para casarse en el templo.
• Si no se han sellado a su cónyuge o a sus hijos en
el templo, trabajen como familia para recibir las
bendiciones del templo. Como familia, fijen metas
con respecto al templo.
• Hermanos, sean dignos del sacerdocio que poseen
y úsenlo para bendecir la vida de los miembros de
su familia…
Estar al tanto de las actividades de la comunidad,
de la escuela y de la Iglesia
Existen fuentes de recursos disponibles fuera del
hogar y el uso sabio de ellas fortalecerá a nuestras
familias.
• Alentemos a nuestros hijos a servir en la Iglesia y
en la comunidad.
• Hablemos con los maestros, entrenadores, consejeros,
asesores y líderes eclesiásticos de nuestros
hijos con respecto a nuestras preocupaciones y las
necesidades de nuestros hijos.
• Sepamos qué hacen nuestros hijos en su tiempo
libre. Seamos una influencia en la elección de sus
películas, programas de televisión y videos. Si usan
el Internet, sepamos lo que ellos estén haciendo.
Ayudémosles a ver la importancia del
entretenimiento sano.
• Alentémosles en sus actividades escolares que
valgan la pena. Sepamos qué estudian nuestros
hijos. Ayudémosles con sus deberes escolares;
ayudémosles a darse cuenta de la importancia de
la educación y de la preparación para trabajar y
para ser autosuficientes.
• Mujeres Jóvenes: Asistan a la Sociedad de Socorro
cuando cumplan los dieciocho años de edad.
Algunas de ustedes se pueden sentir reacias ante la
transición; pueden temer no sentirse integradas.
Mis jóvenes hermanas, no es así. Hay mucho para
ustedes en la Sociedad de Socorro, y ésta será una
bendición para ustedes durante toda su vida.
• Hombres Jóvenes: Honren el Sacerdocio Aarónico.
Es el sacerdocio preparatorio, que les prepara para
el Sacerdocio de Melquisedec. Actívense totalmente
en su quórum de élderes cuando se les ordene al
Sacerdocio de Melquisedec. La hermandad, la
instrucción en el quórum y las oportunidades de
servir a los demás serán una bendición para
ustedes y para sus familias durante toda su vida.
Seguir el ejemplo de amor del Señor
Todas las familias se pueden fortalecer en una
forma u otra si se trae el Espíritu del Señor a nuestros
hogares y se enseña por Su ejemplo.
• Actuemos con fe; no reaccionemos con temor.
Cuando nuestros adolescentes empiecen a poner a
prueba los valores de la familia, los padres deben
dirigirse al Señor para que les guíe en cuanto a las
necesidades específicas de cada miembro de la familia.
Es el momento para dar más amor y apoyo y reforzar
las enseñanzas de cómo hacer elecciones. Nos llena
de temor el dejar que nuestros hijos aprendan de los
errores que cometan, pero su disposición a elegir la
manera del Señor y los valores de la familia es mayor
cuando la elección nace de ellos mismos que cuando
tratamos de imponerles esos valores. El método de
amor y de aceptación del Señor es mejor que el de
fuerza y coerción de Satanás, especialmente en la
crianza de adolescentes.
• Recordemos las palabras del profeta José Smith: “Nada
tiene mayor efecto en una persona para inducirla a
abandonar el pecado, que llevarla de la mano y velar
por ella con ternura. Cuando las personas me
manifiestan la más mínima bondad y amor, ¡oh, qué
poder ejerce aquello en mi alma!, mientras que un
curso contrario tiende a agitar todos los sentimientos
ásperos y contristar la mente humana” (Enseñanzas
del Profeta José Smith, pág. 292).
Los hijos que se alejen regresarán
• Aunque tal vez nos desesperemos cuando, después
de hacer todo lo que podamos, algunos de nuestros
hijos se alejen del camino de la rectitud, nos
pueden consolar las palabras de Orson F. Whitney:
“Aunque algunas ovejas se descarríen, el ojo del
Pastor está sobre ellas, y tarde o temprano sentirán
los tentáculos de la Divina Providencia extenderse
hacia ellas y acercarlas de nuevo al rebaño. Ellos
volverán, ya sea en esta vida o en la vida venidera.
Tendrán que pagar su deuda a la justicia; sufrirán
por sus pecados y tal vez anden por caminos
espinosos; pero si esto finalmente los lleva, como
al hijo pródigo, al corazón y al hogar de un padre
amoroso que perdona, la dolorosa experiencia no
habrá sido en vano. Oren por sus hijos descuidados
y desobedientes; manténganse cerca de ellos
mediante vuestra fe. Continúen con esperanza y
confianza hasta que vean la salvación de Dios”
(citando a José Smith, en “Conference Report”,
abril de 1929, pág. 110; véase “Nuestro ambiente
moral”, Liahona, julio de 1992, pág. 75).
Los adultos solteros y los otros familiares pueden
dar fortaleza
• ¿Qué sucede si son solteros? ¿Les debe preocupar
el consejo con respecto a las familias? Sí, es algo
que todos debemos aprender en la vida en la
tierra. Los adultos que no se han casado a menudo
pueden ser una fortaleza especial en la familia,
convirtiéndose en una tremenda fuente de apoyo,
de aceptación y de amor a sus familias y a las
familias de los que los rodeen.
• Muchos de los otros parientes adultos tienen
responsabilidades similares a las de los padres.
Los abuelos y las abuelas, los tíos y las tías, los
hermanos y las hermanas, los sobrinos y las
sobrinas y otros miembros de la familia pueden
tener un gran impacto en la familia. Deseo
expresar mi agradecimiento a aquellos de mis
parientes que me han guiado por medio de su
ejemplo y testimonio. A veces estos familiares
pueden decir cosas que los padres no pueden
expresar sin que se empiece a discutir. Después
de una sincera conversación con su madre, una
jovencita dijo: “Sería terrible decirte a ti o a papá
que hice algo malo, pero sería peor tener que
decírselo a mi tía Susan. No podría desilusionarla”.
No hay familias perfectas
Al saber que estamos en la vida mortal para
aprender y desarrollar nuestra fe, debemos entender
que debe haber oposición en todas las cosas. Durante
un consejo familiar en mi propio hogar, mi esposa
dijo: “Cuando uno piensa que alguien tiene una
familia perfecta, es que no se les conoce muy bien”.
Poner la casa y la familia en orden
Hermanos y hermanas, como padres, escuchemos
la amonestación, aun la reprimenda, que el Señor
dio a José Smith y a los líderes de la Iglesia en 1833,
de “poner [nuestra] propia casa en orden” (D. y C.
93:43). “…os he mandado criar a vuestros hijos en
la luz y la verdad” (D. y C. 93:40). “[Pongamos] en
orden a [nuestra] familia, y [procuremos] que sean
más diligentes y atentos en el hogar, y que oren
siempre, o serán quitados de su lugar” (D. y C. 93:50).
Los profetas de la actualidad nos han dado una
amonestación y una advertencia similar a los padres
para que pongamos a nuestras familias en orden.
Ruego que se nos bendiga con la inspiración y el amor
necesarios para que enfrentemos la oposición con fe
dentro de nuestras familias. Entonces sabremos que
nuestras pruebas son para acercarnos más al Señor y
el uno al otro. Ruego que escuchemos la voz del
profeta y pongamos nuestro hogar en orden (véase
D. y C. 93:41–49). La familia se fortalece cuando nos
acercamos al Señor, y cada miembro de la familia se
fortalece cuando nos elevamos y fortalecemos, nos
amamos y cuidamos el uno al otro. “Elevadme y yo os
elevaré, y ascenderemos juntos” (Proverbio cuákero).
Ruego que podamos recibir y mantener el Espíritu
del Señor en nuestros hogares, para fortalecer a nuestras
familias. Es mi oración que cada miembro de nuestra
familia permanezca en el “estrecho y angosto camino
que conduce a la vida eterna” (2 Nefi 31:18).
De un discurso pronunciado por el élder Hales en la conferencia
general de la Iglesia de abril de 1999 (véase Liahona, julio de 1999,
páginas 37–40).
Se complementa con la pag 29 de la Liahona de Nayo 2010 (L. Tom Penny) todo el discurso